Lisboa, 13 septiembre de 2026
El presidente de AFAPREDESA y el subdelegado del Frente Polisario en Portugal participaron el pasado sábado en la III Marcha Amílcar Cabral, celebrada en Lisboa en un clima de serenidad, unidad y firme compromiso panafricanista.
Durante el recorrido se escucharon de forma reiterada consignas en favor de la libertad de los pueblos oprimidos, con vivas al pueblo saharaui y al pueblo palestino. Al final de la marcha se organizaron danzas, cantos e intervenciones de las distintas delegaciones participantes, en un ambiente de fraternidad y reivindicación.

En su intervención, el presidente de AFAPREDESA agradeció la amable invitación y subrayó que las luchas de los pueblos africanos son idénticas, pues se inspiran en los mismos ideales y principios por los que Amílcar Cabral dio su vida. Recordó que el 4 de septiembre de 2026 las Naciones Unidas devolvieron el mapa de África a sus dimensiones auténticas, tras siglos de distorsión iniciada con la proyección de Mercator en 1569. «Hoy toca devolver a los pueblos africanos sus riquezas y su dignidad, y garantizar que ningún africano se vea obligado a emprender la fatídica travesía del océano o del Mediterráneo en busca de una vida mejor», afirmó.
En el marco de estas jornadas, el presidente de AFAPREDESA recordó también el vil asesinato de Salvador Allende y se estableció un paralelismo entre las luchas de los pueblos originarios, expresando de manera particular la solidaridad con el pueblo mapuche. Asimismo, se condenó con contundencia la complicidad de la Unión Europea en el expolio de los recursos naturales africanos, siendo el caso más ilustrativo los ilegales acuerdos con Marruecos que vulneran el derecho internacional y perpetúan la ocupación del Sahara Occidental.
La III Marcha Amílcar Cabral culminó con la lectura y adopción de la III Declaración Panafricanista de Lisboa (2026), titulada En defensa de la Tierra / Por la vida – Reconocer, Reparar, Descolonizar. En ella se reafirma el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación y a vivir libremente en su tierra, se exige el fin del genocidio en Palestina y se denuncia la continuidad del diktat colonial de Berlín sobre los territorios y recursos de la última colonia en África.
AFAPREDESA saluda esta importante movilización y reitera su compromiso con la unidad de los pueblos africanos y de su diáspora en la lucha por la justicia, la dignidad y la descolonización efectiva. La lucha continúa.
¡Vivan los pueblos africanos!
¡Viva el pueblo saharaui!
¡Viva Palestina libre!
¡Por la Tierra y por la Vida!
III DECLARACIÓN PANAFRICANISTA DE LISBOA (2026)
EN DEFENSA DE LA TIERRA / POR LA VIDA
RECONOCER, REPARAR, DESCOLONIZAR
A los pueblos de África y de su diáspora. A todos los condenados de la tierra.
El proyecto de liberación total e inmediata defendido por los movimientos africanos de liberación no se limitó a la conquista de la independencia de sus países y a la recuperación de la dignidad de sus pueblos. Fue también un proyecto de reconstrucción de la vida y de la tierra. Del mismo modo, las luchas negras contra la esclavitud forjaron una tradición abolicionista que reconoce la tierra como fundamento de la libertad y condición de la vida. Confrontados a la totalidad de la violencia colonial, que rompió la relación ancestral con la tierra, los pueblos originarios de África y de Abya Yala concibieron un proyecto de liberación fundado en una confluencia que rechazaba separar la liberación de los pueblos de la defensa de la naturaleza.
Hoy, más de un siglo después de la abolición formal de la esclavitud transatlántica y medio siglo después de las independencias africanas, enfrentamos aún las herencias del orden esclavista-colonial y una crisis ecológica sin precedentes. En la continuidad de aquellos que vinieron antes que nosotros, rechazamos separar la lucha contra el racismo, la xenofobia, la afrofobia y todas las formas de opresión, de la lucha en defensa de la Tierra y de la Vida. Entendemos que ese mismo orden continúa devastando ecosistemas y condenando a millones de personas al hambre y al desplazamiento forzado.
Del Sahel, donde la desertificación amenaza la supervivencia de comunidades enteras, a la cuenca del Congo, devastada por la explotación maderera, petrolífera y minera, por la deforestación y los incendios forestales, pasando por las costas africanas amenazadas por el calentamiento global, la subida del nivel del mar y el pillaje de los recursos haliéuticos por flotas industriales extranjeras, el continente africano continúa soportando uno de los costos más elevados de una crisis que no creó.
El pueblo del Sahara Occidental, bajo ocupación colonial marroquí desde hace 51 años e privado de vivir libremente en su propia tierra, nos recuerda que, con la complicidad de las potencias imperialistas, el diktat de Berlín continúa rigiendo una relación colonial con los territorios africanos y sus recursos. En Palestina, 78 años después de la Nakba, un pueblo continúa enfrentando la expulsión de su propia tierra y el genocidio perpetrado por el Estado sionista de Israel. Bombardeado por las fuerzas israelíes, el vientre de las tierras de Gaza está devastado y contaminado, mientras los agricultores son impedidos de cultivar los olivos de los que brota la vida.
Desde hace décadas, los pueblos y los movimientos africanos en defensa de la tierra denuncian que África se ha convertido en una de las principales víctimas de la crisis climática, una zona-sacrificio de las sucesivas crisis producidas por el orden neocolonial-capitalista. Los informes de organizaciones como las Naciones Unidas, la Organización Meteorológica Mundial, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y el Banco Africano de Desarrollo confirman esta realidad.
La historia nos recuerda que siempre que ese orden entra en crisis, son los pueblos africanos, las comunidades negras de la diáspora y los pueblos del Sur Global los primeros en pagar la factura y los últimos en beneficiarse de respuestas. Así sucedió con la pandemia de COVID-19 con un acceso desigual a la vacunación. Así continúa sucediendo ante la emergencia climática.
Las escuelas se apresuran a enseñarnos que entramos en la era del Antropoceno, afirmando que la Humanidad se ha convertido en una fuerza geológica capaz de alterar las condiciones de vida en la Tierra. Rechazamos esta lectura. Si la deshumanización de los pueblos africanos, indígenas y negros es aún hoy un proceso en curso, es cuando menos audaz que nos convoquen ahora para integrar una categoría abstracta de «Humanidad» a fin de repartir, estratégicamente, responsabilidades. Sí, todos tenemos el deber de cuidar la Tierra, porque en ella vivimos, a ella pertenecemos y de ella depende nuestra existencia. Todos somos humanos. Pero no aceptaremos repartir de forma igual una responsabilidad histórica francamente desigual.
Nosotros, los condenados de la tierra, que aún habitamos la bodega del mundo, nos levantamos desde Lisboa, esta metrópolis aún colonial, para que ciertas verdades sean dichas y nuevos pactos de justicia puedan ser imaginados y afirmados.
Decimos que el capitalismo racial, erigido sobre la esclavitud transatlántica, la colonización y el imperialismo, continúa rigiendo el orden mundial. Este sistema tiene rostros, nombres y direcciones. Son Estados, empresas transnacionales, bancos, organismos financieros internacionales, alianzas militares y élites económicas y culturales del Norte Global que ejercen injerencia en nuestros países para controlar recursos, condicionar economías y limitar nuestra soberanía.
Decimos que la esclavitud transatlántica fue el crimen más grave cometido contra la humanidad porque, al esclavizar a millones de seres humanos africanos, se esclavizó también la tierra, los ríos, los bosques, los mares y nuestro propio futuro. Fue ese proyecto el que inauguró una nueva escala planetaria de relación depredadora con la Tierra, transformando pueblos, territorios y ecosistemas en mercancías al servicio del pillaje.
El mundo en que vivimos se mantiene bajo ese régimen de violencia. Las grandes potencias que ayer dividieron África continúan disputándose el control de sus recursos. Continúan decidiendo el destino de nuestros pueblos a través de la deuda, los mercados, las instituciones financieras internacionales, las guerras y nuevas formas de ocupación político-económica.
La guerra en Sudán, que viene devastando las condiciones de vida de millones de personas, es una de las mayores urgencias panafricanas de nuestros tiempos. Darfur es donde la repetición de la violencia se hace cotidiana, con poblaciones enteras condenadas al hambre y a la falta de agua, obligadas a luchar sin descanso por su supervivencia y dignidad.
En el año en que se conmemora el centenario del nacimiento de Fidel Castro, saludamos la resistencia del revolucionario pueblo cubano en la defensa de su soberanía contra un bloqueo imperialista que insiste en asfixiar su tierra por todos los medios.
En este Septiembre Victorioso, saludamos al bravo pueblo de Guinea-Bisáu, que lucha por mantener vivas las conquistas de la lucha de liberación. En este país, donde se lucha por todo, un poder militar y dictatorial usurpó la soberanía popular, restringiendo las libertades democráticas y atentando contra la dignidad humana.
Recordamos que, en 1804, el bravo pueblo Haiti, al proclamar su libertad y afirmar el derecho de existir soberano e independiente de cualquier otra potencia del universo, inauguró una tradición radical de reparación. Es en esa herencia revolucionaria, negra y panafricanista que inscribimos nuestra concepción de reparación. Si, para nosotros, la reparación es una práctica de la relación entre los pueblos y en el interior de los propios pueblos, rechazamos que sea reducida a la cuestión de las restituciones patrimoniales o de las compensaciones financieras. La entendemos como un proyecto de poder popular y de abolición de todas las estructuras de opresión heredadas de la esclavitud, la colonización y el imperialismo.
Reconocer es el primer acto de ese proceso de regeneración. No puede existir una nueva relación entre los pueblos mientras persista la negación sistemática de los crímenes esclavistas-coloniales. Rechazamos, sin embargo, un reconocimiento de conveniencia, protocolario y desligado de medidas concretas de transformación.
En Portugal, la descolonización sigue siendo la principal tarea democrática dejada por cumplir por el 25 de Abril. No son los manuales escolares los que nos lo dicen. Son las vidas negras. Son Odair Moniz, Bruno Candé, Cláudia Simões y tantas otras víctimas de la violencia racista del Estado. Son los barrios de la periferia de Lisboa donde continúan vigentes políticas de excepción y brutalidad policial. Son las personas negras nacidas en Portugal a quienes continúa negándose la nacionalidad. Son las madres negras que enfrentan la violencia obstétrica y la retirada de sus hijos. Son todas las vidas negras que sostienen y limpian este país con su trabajo, pero que, para el Estado portugués, nada importan.
Sabemos bien que el reconocimiento, la reparación y la descolonización no se conquistan con llamamientos conmovedores al sentido común de aquellos que continúan beneficiándose de nuestra explotación. La historia nos enseña que ninguna potencia dominante abdicó voluntariamente de sus privilegios solo porque le demostraran la injusticia que cometía. Quien nos lo dice es Frantz Fanon, para quien «contra intereses materiales, sentimientos y sentido común nunca son escuchados». Con Amílcar Cabral aprendimos que solo un arma de la teoría, forjada en la realidad concreta de nuestros pueblos, es capaz de abrir camino a las transformaciones materiales que reivindicamos y a la construcción de un mundo más justo y digno.
Conscientes de que corresponde a nuestra generación cumplir su misión histórica en esta lucha y de que ninguna liberación se construye sin que nos juntamos, nosotros, hijas e hijos de la tierra, reunidos en la III Marcha Cabral en Portugal, desde Lisboa, DECLARAMOS:
Defender la tierra es defender al ser humano. No existen dos luchas ni dos causas. La liberación de los pueblos y la liberación de la Tierra forman parte del mismo proyecto de justicia.
Como proclama la Declaración de Manden (1235), toda vida es una vida y ninguna vida es superior a otra. Por eso, toda violencia ejercida contra cualquier forma de vida exige reparación.
Los suelos, los ríos, los mares, los bosques y las montañas son también cuerpos-documento que preservan la memoria de la violencia colonial, de la resistencia de los pueblos y de la vida que se construyó más allá de esa violencia. Proteger la tierra es proteger esa memoria y garantizar el futuro de la humanidad.
Volver a las fuentes y reafricanizar los espíritus implica también reforestar nuestras mentes y afincar los pies en la tierra. La tierra pertenece a los pueblos que la habitan y la cultivan.
RECONOCER ES
- Romper el silencio sobre los crímenes de la esclavitud, la colonización y el neocolonialismo.
- Asumir que las hambrunas coloniales en Cabo Verde, el trabajo forzado en Santo Tomé y Príncipe, Angola, Mozambique y Guinea-Bisáu, las masacres de Moeda, Batepá o Pidjiguiti, el pillaje de los recursos naturales y la destrucción ambiental, y en particular la erosión de los suelos, fueron crímenes del colonialismo portugués.
- Inscribir la contribución histórica de los pueblos africanos a la construcción de Portugal y de la democracia portuguesa.
- Reconocer institucionalmente el kabuverdianu como una de las lenguas de Portugal.
- Aprender también de los pueblos originarios de África, de Abya Yala y de todo el Sur Global, que incluso ante la continuidad del genocidio, fueron y continúan siendo guardianes de la vida, aquellos cuya relación con la tierra continúa legando a la humanidad ideas y soluciones concretas para aplazar el fin del mundo, como nos cuenta Ailton Krenak.
REPARAR ES
- Garantizar las condiciones materiales de la libertad: derecho a vivienda digna, trabajo y salarios dignos, salud y educación públicas, igualdad de derechos, combatiendo las condiciones laborales y de vida que enferman nuestros cuerpos y degradan nuestra salud mental.
- Regularizar a todas las personas migrantes, dignificar a quienes trabajan en la agricultura, la construcción civil y el trabajo doméstico.
- Redistribuir la riqueza, imponer impuestos a las grandes fortunas y poner la economía al servicio de la vida y no lo contrario.
- Restituir a la tierra todos los restos humanos africanos que permanecen en museos y colecciones científicas, en particular los de los 158 individuos exhumados en Lagos. Mientras nuestros antepasados permanezcan reducidos a objetos de estudio y encerrados en las reservas de los museos, también nosotros continuaremos presos en las bodegas del mundo. Su regreso a la tierra es un imperativo de justicia y dignidad.
DESCOLONIZAR ES
- Rehabilitar la Cova da Moura, el Segundo Torrão y todos los territorios históricamente ahora abandonados y acosados por el Estado.
- Acabar con las políticas de excepción y la brutalidad policial en las periferias de Lisboa.
- Garantizar el derecho a la nacionalidad a quienes nacieron en Portugal.
- Descolonizar los manuales escolares, los museos, los monumentos y las políticas de la memoria.
- Abolir Frontex y construir políticas migratorias basadas en la hospitalidad y la dignidad humana, reconociendo que la llamada crisis migratoria es, en gran medida, consecuencia de las políticas neocoloniales practicadas por las potencias imperialistas en muchos países del Sur Global.
- Combatir el patriarcado, el sexismo y la persecución y criminalización de las personas queer en nuestras sociedades, afirmando la dignidad de todas las vidas y reconociendo que las luchas por la liberación deben partir de nuestras propias realidades, sin tutela ni imposición.
- Combatir el colonialismo verde y defender el derecho de los pueblos a permanecer en sus territorios, rechazando modelos de conservación que expulsan comunidades y separan la protección de la naturaleza de aquellos que históricamente la habitan y cuidan.
- Rechazar que los pueblos africanos soporten los costos de la transición ecológica del Norte Global.
- Devolver la tierra a las comunidades, protegiendo los bienes comunes contra todas las formas de privatización y pillaje.
- Reafirmar el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación y a vivir libremente en su tierra.
- Defender el fin del genocidio en Palestina y el derecho del pueblo palestino a vivir en libertad en su tierra.
- Defender el fin de la guerra en Sudán, la soberanía del pueblo sudanés sobre su tierra y el derecho a decidir libremente su futuro, sin tutela militar ni injerencia externa.
- Defender el derecho del pueblo congoleño a la vida y a la soberanía sobre sus recursos naturales y su tierra, rechazando que su pueblo y territorio continúen siendo sacrificados para sostener el bienestar del Norte Global.
DECLARAMOS ADEMÁS QUE
La reparación es una obligación histórica y una responsabilidad política de los Estados e instituciones implicados en la esclavitud y la colonización, así como de los grandes grupos económicos y familias cuyas fortunas fueron construidas sobre esa explotación y cuyos privilegios perduran hasta hoy.
No aceptaremos que la reparación se haga a costa de los trabajadores. Su conducción pertenece a los pueblos.
NO HABRÁ JUSTICIA CLIMÁTICA SIN JUSTICIA HISTÓRICA ANTIRRACISTA Y ANTICOLONIAL
LA LUCHA CONTINÚA, EN DEFENSA DE LA TIERRA / POR LA VIDA
Esta es nuestra palabra, la afirmamos frente a todas las fuerzas capitalistas y coloniales del mundo.
DECLARACION ORIGINAL:
III DECLARAÇÃO PANAFRICANISTA DE LISBOA (2026)
EM DEFESA DA TERRA / PA VIDA
RECONHECER, REPARAR, DESCOLONIZAR
Aos povos de África e da sua diáspora. A todos os condenados da terra.
O projeto de libertação total e imediata defendido pelos movimentos africanos de libertação não se restringiu à conquista da independência dos seus países e à recuperação da dignidade dos seus povos. Foi também um projeto de reconstrução da vida e da terra. Da mesma forma, as lutas negras contra a escravatura forjaram uma tradição abolicionista que reconhece a terra como fundamento da liberdade e condição da vida. Confrontados com a totalidade da violência colonial, que rompeu a relação ancestral com a terra, os povos originários de África e de Abya Yala conceberam um projeto de libertação fundado numa confluência que recusava separar a libertação dos povos da defesa da natureza.
Hoje, mais de um século volvido da abolição formal da Escravatura transatlântica e meio século das independências africanas, enfrentamos ainda as heranças da ordem escravocrata-colonial e uma crise ecológica sem precedentes. Na continuidade daqueles que vieram antes de nós, recusamos separar a luta contra o racismo, a xenofobia, a afrofobia e todas as formas de opressão, da luta em defesa da Terra e da Vida. Entendemos que essa mesma ordem continua a devastar ecossistemas e a condenar milhões de pessoas à fome e ao deslocamento forçado.
Do Sahel, onde a desertificação ameaça a sobrevivência de comunidades inteiras, à Bacia do Congo, devastada pela exploração madeireira, petrolífera e mineira, pela desflorestação e pelos incêndios florestais, passando pelas costas africanas ameaçadas pelo aquecimento global, pela subida do nível do mar e pela pilhagem dos recursos halieúticos por frotas industriais estrangeiras, o continente africano continua a suportar um dos mais avultados custos de uma crise que não criou.
O povo do Saara Ocidental, sob ocupação colonial marroquina há 51 anos e impedido de viver livremente na sua própria terra, lembra-nos que, com a cumplicidade das potências imperialistas, o diktat de Berlim continua a reger uma relação colonial com os territórios africanos e os seus recursos. Na Palestina, 78 anos depois da Nakba, um povo continua a enfrentar a expulsão da sua própria terra e o genocídio perpetrado pelo Estado sionista de Israel. Bombardeado pelas forças israelitas, o ventre das terras de Gaza está devastado e contaminado, enquanto os agricultores são impedidos de cultivar as oliveiras de que brota a vida.
Há décadas que os povos e os movimentos africanos em defesa da terra denunciam que África se tornou uma das principais vítimas da crise climática, uma zona-sacrifício das sucessivas crises produzidas pela ordem neocolonial-capitalista. Os relatórios de organizações tais como as Nações Unidas, a Organização Meteorológica Mundial, o Painel Intergovernamental sobre Alterações Climáticas e o Banco Africano de Desenvolvimento, confirmam esta realidade.
A história lembra-nos que sempre que essa ordem entra em crise, são os povos africanos, as comunidades negras da diáspora e os povos do Sul Global os primeiros a pagar a fatura e os últimos a beneficiar de respostas. Assim aconteceu com a pandemia da COVID-19 com um acesso desigual à vacinação. Assim continua a acontecer perante a emergência climática.
As escolas apressam-se a ensinar-nos que entramos na era do Antropoceno, afirmando que a Humanidade se tornou uma força geológica capaz de alterar as condições de vida na Terra. Recusamos esta leitura. Se a desumanização dos povos africanos, indígenas, negros e Roma é ainda hoje um processo em curso, é no mínimo audaz que nos convoquem agora para integrar uma categoria abstrata de «Humanidade» de modo a repartirem, estrategicamente, responsabilidades. Sim, todos temos o dever de cuidar da Terra, porque nela vivemos, a ela pertencemos e dela depende a nossa existência. Somos todos humanos. Mas não aceitaremos repartir de forma igual uma responsabilidade histórica francamente desigual.
Nós, os condenados da terra, que ainda habitamos o porão do mundo, erguemo-nos a partir de Lisboa, esta metrópole ainda colonial, para que certas verdades sejam ditas e novos pactos de justiça possam ser imaginados e afirmados.
Dizemos que o capitalismo racial, erguido sobre a escravatura transatlântica, a colonização e o imperialismo, continua a reger a ordem mundial. Este sistema tem rostos, nomes e endereços. São Estados, empresas transnacionais, bancos, organismos financeiros internacionais, alianças militares e elites económicas e culturais do Norte Global que exercem ingerência nos nossos países para controlar recursos, condicionar economias e limitar a nossa soberania.
Dizemos que a Escravatura transatlântica foi o mais grave crime cometido contra a humanidade porque, ao escravizar milhões de seres humanos africanos, se escravizou também a terra, os rios, as florestas, os mares e o nosso próprio futuro. Foi esse projeto que inaugurou uma nova escala planetária de relação predatória com a Terra, transformando povos, territórios e ecossistemas em mercadorias ao serviço da pilhagem.
O mundo em que vivemos mantém-se sob esse regime de violência. As grandes potências que ontem dividiram África continuam a disputar o controlo dos seus recursos. Continuam a decidir o destino dos nossos povos através da dívida, dos mercados, das instituições financeiras internacionais, das guerras e de novas formas de ocupação político-económica.
A guerra no Sudão, que vem devastando as condições de vida de milhões de pessoas, é uma das maiores urgências panafricanas dos nossos tempos. Darfur é onde a repetição da violência se faz quotidiana, com populações inteiras condenadas à fome e à falta de água, obrigadas a lutar sem descanso pela sua sobrevivência e dignidade.
No ano em que se assinala o centenário do nascimento de Fidel Castro, saudamos a resistência do revolucionário povo cubano na defesa da sua soberania contra um bloqueio imperialista que insiste em asfixiar a sua terra por todos os meios.
Neste Setembro Vitorioso, saudamos o bravo povo da Guiné-Bissau, que luta para manter vivas as conquistas da luta de libertação. Neste país, txon di tudo luta, um poder militar e ditatorial usurpou a soberania popular, restringindo as liberdades democráticas e atentando contra a dignidade humana.
Recordamos que, em 1804, o bravo povo de Ayiti, ao proclamar a sua liberdade e afirmar o direito de existir soberano e independente de qualquer outra potência do universo, inaugurou uma tradição radical de reparação. É nessa herança revolucionária, negra e panafricanista que inscrevemos a nossa conceção de reparação. Se, para nós, a reparação é uma prática da relação entre os povos e no interior dos próprios povos, recusamos que seja reduzida a questão das restituições patrimoniais ou das compensações financeiras. Entendemo-la como um projeto de poder popular e de abolição de todas as estruturas de opressão herdadas da Escravatura, da colonização e do imperialismo.
Reconhecer é o primeiro ato desse processo de regeneração. Não pode existir uma nova relação entre os povos enquanto persistir a negação sistemática dos crimes escravocrato-coloniais. Recusamos, contudo, um reconhecimento de conveniência, protocolar e desligado de medidas concretas de transformação.
Em Portugal, a descolonização continua a ser a principal tarefa democrática deixada por cumprir pelo 25 de Abril. Não são os manuais escolares que nos dizem isso. São as vidas negras. São Odair Moniz, Bruno Candé, Cláudia Simões e tantas outras vítimas da violência racista do Estado. São os bairros da periferia de Lisboa onde continuam a vigorar políticas de exceção e de brutalidade policial. São as pessoas negras nascidas em Portugal a quem continua a ser negada a nacionalidade. São as mães negras que enfrentam a violência obstétrica e a retirada dos seus filhos. São todas as vidas negras que sustentam e limpam este país com o seu trabalho, mas que, para o Estado português, nada importam.
Bem sabemos que o reconhecimento, a reparação e a descolonização não se conquistam com apelos comoventes ao bom senso daqueles que continuam a beneficiar da nossa exploração. A história ensina-nos que nenhuma potência dominante abdicou voluntariamente dos seus privilégios apenas porque lhe demonstraram a injustiça que cometia. Quem nos diz é Frantz Fanon, para quem «contra interesses materiais, sentimentos e bom senso nunca são ouvidos». Com Amílcar Cabral aprendemos que apenas uma arma da teoria, forjada na realidade concreta dos nossos povos, é capaz de abrir caminho às transformações materiais que reivindicamos e à construção de um mundo mais justo e digno.
Conscientes de que cabe à nossa geração cumprir a sua missão histórica nesta luta e de que nenhuma libertação se constrói sem diunta-mô, nós, filhos e filhas da terra, reunidos na III Marxa Cabral em Portugal, a partir de Lisboa, DECLARAMOS:
Defender a terra é defender o ser humano. Não existem duas lutas nem duas causas. A libertação dos povos e a libertação da Terra fazem parte do mesmo projeto de justiça.
Como proclama a Declaração de Manden (1235), toda a vida é uma vida e nenhuma vida é superior a outra. Por isso, toda a violência exercida contra qualquer forma de vida exige reparação.
Os solos, os rios, os mares, as florestas e as montanhas são também corpos-documento que preservam a memória da violência colonial, da resistência dos povos e da vida que se construiu para lá dessa violência. Proteger a terra é proteger essa memória e garantir o futuro da humanidade.
Voltar às fontes e reafricanizar os espíritos implica também reflorestar as nossas mentes e fincar os pés na terra. A terra pertence aos povos que a habitam e a cultivam.
RECONHECER É
- Romper o silêncio sobre os crimes da Escravatura, da colonização e do neocolonialismo.
- Assumir que as fomes coloniais em Kabuverdi, o trabalho forçado em São Tomé e Príncipe, Angola, Moçambique e Guiné-Bissau, os massacres de Moeda, Batepá ou Pidjiguiti, a pilhagem dos recursos naturais e a destruição ambiental, e em particular, a erosão dos solos, foram crimes do colonialismo português.
- Inscrever o contributo histórico dos povos africanos para a construção de Portugal e da democracia portuguesa.
- Reconhecer institucionalmente o kabuverdianu como uma das línguas de Portugal.
- Aprender também com os povos originários de África, de Abya Yala e de todo o Sul Global, que mesmo perante a continuidade do genocídio, foram e continuam a ser guardiões da vida, aqueles cuja relação com a terra continua a legar à humanidade ideias e soluções concretas para adiar o fim do mundo, como nos conta Ailton Krenak.
REPARAR É
- Garantir as condições materiais da liberdade: direito à habitação digna, trabalho e salários dignos, saúde e educação públicas, a igualdade de direitos, combatendo as condições laborais e de vida que adoecem os nossos corpos e degradam a nossa saúde mental.
- Regularizar todas as pessoas migrantes, dignificar quem trabalha na agricultura, na construção civil e no trabalho doméstico.
- Redistribuir a riqueza, tributar as grandes fortunas e colocar a economia ao serviço da vida e não o seu contrário.
- Restituir à terra todos os restos humanos africanos que permanecem em museus e coleções científicas, em particular os dos 158 indivíduos exumados em Lagos. Enquanto os nossos ancestrais permanecerem reduzidos a objetos de estudo e encerrados nas reservas dos museus, também nós continuaremos presos nos porões do mundo. O seu regresso à terra é um imperativo de justiça e de dignidade.
DESCOLONIZAR É
- Requalificar a Cova da Moura, o Segundo Torrão e todos os territórios historicamente ora abandonados, ora acossados pelo Estado.
- Acabar com as políticas de exceção e a brutalidade policial nas periferias de Lisboa.
- Garantir o direito à nacionalidade a quem nasceu em Portugal.
- Descolonizar os manuais escolares, os museus, os monumentos e as políticas da memória.
- Abolir a Frontex e construir políticas migratórias assentes na hospitalidade e na dignidade humana, reconhecendo que a chamada crise migratória é, em grande medida, consequência das políticas neocoloniais praticadas pelas potências imperialistas em muitos países do Sul Global.
- Combater o patriarcado, o sexismo e a perseguição e criminalização das pessoas queer nas nossas sociedades, afirmando a dignidade de todas as vidas e reconhecendo que as lutas pela libertação devem partir das nossas próprias realidades vivas, sem tutela ou imposição.
- Combater o colonialismo verde e defender o direito dos povos a permanecer nos seus territórios, recusando modelos de conservação que expulsam comunidades e separam a proteção da natureza daqueles que historicamente a habitam e cuidam.
- Recusar que os povos africanos suportem os custos da transição ecológica do Norte Global.
- Devolver a terra às comunidades, protegendo os bens comuns contra todas as formas de privatização e pilhagem.
- Reafirmar o direito inalienável do povo saaraul à autodeterminação e a viver livremente na sua terra.
- Defender o fim do genocídio na Palestina e o direito do povo palestiniano a viver em liberdade na sua terra.
- Defender o fim da guerra no Sudão, a soberania do povo sudanês sobre a sua terra e o direito a decidir livremente o seu futuro, sem tutela militar ou ingerência externa.
- Defender o direito do povo congolês à vida e à soberania sobre os seus recursos naturais e a sua terra, recusando que o seu povo e território continue a ser sacrificado para sustentar o bem-estar do Norte Global.
DECLARAMOS AINDA QUE
A reparação é um dever histórico e uma responsabilidade política dos Estados e instituições implicados na Escravatura e na colonização, bem como dos grandes grupos económicos e famílias cujas fortunas foram construídas sobre essa exploração e cujos privilégios perduram até hoje.
Não aceitaremos que a reparação se faça à custa dos trabalhadores. A sua condução pertence aos povos.
NÃO HAVERÁ JUSTIÇA CLIMÁTICA SEM JUSTIÇA HISTÓRICA ANTIRRACISTA E ANTICOLONIAL
A LUTA CONTINUA, EM DEFESA DA TERRA / PA VIDA
Esta é a nossa palavra, afirmámo-la face a todas as forças capitalistas e coloniais do mundo.